Lo real puede imitarse o ser transformado. En cualquier caso, ninguno de estos actos es perfecto como acción misma y ninguno prevalece afortunadamente sobre el otro, de ahí que ambos ejercicios estén presentes en una misma obra y en continua comunicación. Toda transfiguración de lo real abre las puertas a una nueva realidad, la mayoría de las veces más exacta para quien la contempla, también más controvertida, por cuanto crea un lenguaje nuevo capaz de alcanzar los espacios emocionales más hondos del observador.
El conjunto de mi obra se mueve entre estos dos planos imperfectos. Modificar lo virtual, desposeer sutilmente a sus arquetipos de aquellos atributos que los singularizan en el imaginario de los juegos de acción (tatuajes, revólveres, sortijas), permite ampliar las connotaciones que cada uno de estos personajes segregan, devolviéndolos a un plano más accesible no sólo para quien los mira, sino para quien los recrea. Lo real transformado no es sino una forma más de multiplicar la realidad.

Stop I. Acrílico sobre lienzo. 100 x 100 cm. 2009
Cocktail con naranja. Acrílico sobre lienzo. 60 x 60 cm. 2009
Cocktail con cereza. Acrílico sobre lienzo. 60 x 60 cm. 2009
Cocktail con aceituna. Acrílico sobre lienzo. 60 x 60 cm. 2009
Cocktail con sombrilla. Acrílico sobre lienzo. 40 x 40 cm. 2010
Siamesas (díptico). Acrílico sobre lienzo. 60 x 120 cm. 2010
El espía. Acrílico sobre lienzo. 70 x 70 cm. 2010
La descarada. Acrílico sobre lienzo. 100 x 70 cm. 2010
Mariposa de la col. Acrílico sobre lienzo. 60 x 60 cm. 2010
Stop II. Acrílico sobre lienzo. 100 x 100 cm. 2010
Círculos. Acrílico sobre lienzo.
Conjunto de 4 lienzos de 40 x 40 cm. 2010
Rock star stamp. Acrílico sobre lienzo. 100 x 100 cm. 2010
Geisha. Acrílico sobre lienzo. 80 x 100 cm. 2011
Chica chupa-chup. Óleo sobre lienzo. 100 x 70 cm. 2011